Aumento y récord de crímenes de odio en Argentina: uno cada 38 horas.

El año 2025 dejó un dato estremecedor en Argentina: se registraron al menos 227 crímenes de odio contra personas del colectivo LGBTIQ+, lo que representa un incremento del 62 por ciento respecto al año anterior y la cifra más alta en una década. En promedio, se produjo un ataque cada 38 horas.

3/18/2026

Aumento y récord de crímenes de odio en Argentina: uno cada 38 horas.

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Según el informe del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+, la mayoría de las agresiones fueron perpetradas por efectivos de fuerzas de seguridad o por personas desconocidas en la vía pública, siendo los golpes la modalidad más frecuente.

El documento advierte que este aumento se da en un contexto de retroceso estatal en la protección de derechos y de creciente instalación de discursos de odio.

La activista y presidenta de la Federación Argentina LGBT, María Rachid, señaló que el fenómeno no es aislado: “En pocos años prácticamente se duplicaron los crímenes de odio. Esto tiene que ver con cómo se instalaron y profundizaron los discursos violentos en la sociedad”.

Durante los primeros meses de 2026, la tendencia no se detuvo. Se registraron nuevas agresiones, entre ellas la golpiza sufrida por el periodista Lucas Román en el barrio porteño de Almagro, el ataque al comediante Leonardo Javier Veterale —conocido como “La Barby”— y el intento de asesinato de la activista Sharlotte Plaza en su domicilio de Jujuy.

A estos hechos se suma el crimen del docente Walter Daniel Aguirre, hallado asesinado en su departamento en Caballito. Aunque el caso presenta características compatibles con un crimen de odio, la investigación judicial aún no lo encuadró bajo esa figura.

El relevamiento también expone quiénes son las principales víctimas: las mujeres trans y travestis concentran el 62,5 por ciento de los casos, seguidas por varones gays con el 22 por ciento. Más atrás aparecen varones trans, lesbianas y personas no binarias.

En cuanto a la gravedad de los ataques, el 64,8 por ciento correspondió a agresiones físicas que no terminaron en muerte, mientras que el 35 por ciento restante derivó en fallecimientos, incluyendo asesinatos, muertes por violencia estructural y suicidios.

El informe define a los crímenes de odio como agresiones motivadas por el rechazo o la discriminación hacia la identidad o orientación de la víctima, y advierte que suelen estar marcados por niveles extremos de violencia y ensañamiento.

Finalmente, el documento concluye que el incremento de la violencia responde a un escenario de debilitamiento institucional y a la legitimación de discursos discriminatorios desde sectores del poder, lo que genera un clima de mayor impunidad para quienes ejercen este tipo de ataques.